sábado, 18 de julio de 2020

Sintonía grisácea



Un ave color negro surca el cielo nublado de este sábado tan gris, con esas grandes y esponjosas nubes que se desplazan lentamente; una sobre otra, entre empujones, mientras una parvada de otro tipo de aves vuelve a cruzar la bóveda celeste. Observo y escucho a esas aves y a las que moran en los árboles frente a mi casa, parlotean mucho entre sí, no entiendo lo que dicen, pero envidio su capacidad de volar y flotar en el aire. Allá van, tan alto como quieren, buscando refugio, cazando o explorando, nada ni nadie las detiene, no importa si el día está despejado o nublado, sólo van a su destino.
Este cielo me conoce bien, hoy estamos en sintonía: triste, abrumados, fríos, siniestros, nostálgicos, sin ilusión ni esperanza. No encontramos destino, por eso permanecemos estáticos. Comienza la lluvia tranquila, poco a poco va reciando, con esas gotas de vida que en este momento son más bien, lágrimas de desahogo. De pronto el diluvio se detiene, el ambiente se siente más frío, el viento toma fuerza y el sol aparece, lanza su potente luz por unos instantes y se vuelve a apagar, luego se oculta de nuevo detrás de esas nubes apagadas que siguen cargadas de secretos, temores y arrepentimientos; no pueden avanzar, sólo me miran desde arriba, esperando suplicantes, que el día termine y la noche se lleve sus eternos desencantos.

jueves, 9 de julio de 2020

Siesta gatuna veraniega




En esta despejada tarde de verano, mi gatita más longeva: Cokito, de color negro y blanco, me observa hipnótica entornando los ojos, pues no entiende mi presencia en la azotea con ella. Luego, cuando me siento, vuelve a bajar la cabeza para seguir con su siesta de las 6:30 pm; yace acostada sobre el domo de la cochera, con las patas estiradas. De vez en vez, con cada distracción del ambiente, vuelve a levantar la cabeza y entornar sus penetrantes ojos amarillos hacia mí, o hacia el sonido que interrumpa su sueño, luego, vuelve a estirarse y a dormitar.

Frente a ella, también reposa Cristina, mi otra gatita; de ojos azules y suave pelaje de tonalidades beiges y pardas. Nota que la observo y se acerca a mí, se estira y me clava sus filosas uñas en el short de mezclilla, intenta subir a mi regazo pero no la dejo. Un tanto ofendida, salta a un tambo de agua para engullir las últimas croquetas de su plato. Se limpia el hocico y regresa al lugar frente a Cokito, para acicalarse la cara y el pecho con ayuda de su espinada lengüita y su pata izquierda; entonces contemplo una de las escenas más adorables del comportamiento felino. Luego, vuelve a echarse en una postura que mi hermano denomina “empollar”, pues simula una gallina echada en su nido. Así permanecen ambas gatitas en medio de la tranquilidad de esta tarde, con los ojos entre cerrados y las orejas alertas; escuchando, dormitando y disfrutando plenamente por el simple hecho de ser y estar en este pasajero instante de una tarde de verano.

Hojas de vida y encierro



Sentada frente a mi ventana que da a un mini patio carcelario, observo el contraste de la Hoja elegante desesperada por alcanzar la cima de la barda, con el encierro de las protecciones que nos aprisionan. Nos vemos diariamente, a la misma altura del suelo, separadas por el cristal de la ventana y unos barrotes negros. Nos miramos la una a la otra, mientras hacemos nuestras rutinas diarias. Su imagen estiliza mi gris y enclaustrado panorama; me recuerda que hay vida al otro lado del muro. A veces, el escaso viento que se inmiscuye por entre los barrotes, mueve sus hojas haciéndolas chocar con mi ventana, entonces parece que me saluda, me habla y anima. Me acompaña, me espera y me observa. Cuando llueve, las gotas de lluvia se resbalan de sus amplias hojas como lágrimas impetuosas de alguien que contuvo la tristeza por mucho tiempo.
En la esquina de esa pared, se ve apretada, arrinconada e incómoda; ha crecido mucho, está a menos de un metro de llegar a la cima. ¿Qué pasará cuando llegue al límite de la barda? Posiblemente sus hojas atraviesen los barrotes negros y continúe creciendo. No parece que se deje doblegar, seguirá avanzando, adelante, mirando hacia arriba, siempre verde, siempre viva.