jueves, 9 de julio de 2020

Hojas de vida y encierro



Sentada frente a mi ventana que da a un mini patio carcelario, observo el contraste de la Hoja elegante desesperada por alcanzar la cima de la barda, con el encierro de las protecciones que nos aprisionan. Nos vemos diariamente, a la misma altura del suelo, separadas por el cristal de la ventana y unos barrotes negros. Nos miramos la una a la otra, mientras hacemos nuestras rutinas diarias. Su imagen estiliza mi gris y enclaustrado panorama; me recuerda que hay vida al otro lado del muro. A veces, el escaso viento que se inmiscuye por entre los barrotes, mueve sus hojas haciéndolas chocar con mi ventana, entonces parece que me saluda, me habla y anima. Me acompaña, me espera y me observa. Cuando llueve, las gotas de lluvia se resbalan de sus amplias hojas como lágrimas impetuosas de alguien que contuvo la tristeza por mucho tiempo.
En la esquina de esa pared, se ve apretada, arrinconada e incómoda; ha crecido mucho, está a menos de un metro de llegar a la cima. ¿Qué pasará cuando llegue al límite de la barda? Posiblemente sus hojas atraviesen los barrotes negros y continúe creciendo. No parece que se deje doblegar, seguirá avanzando, adelante, mirando hacia arriba, siempre verde, siempre viva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario